19 ago. 2009

Continuidad en cómics III: ¡Mantenlo sencillo estúpido!

Cuando decía en post previos sobre como los personajes se convierten en íconos, (parte 1 y parte 2), pensaba lo que ocurre en Marvel con Spider-Man. A un año de distancia de ese remezón y sin un impacto mayor la cosa no parece haber cambiado mucho y parece que a pesar de las polémicas, el JOE dio en el clavo con su decisión.
Eso o a nadie le importa cual es el estado civil de Spider-man, mientras la historia sea buena.
Al otro lado de la cancha, en DC, (la otra gran editorial yanqui) la cabeza visible editorial, TCC Dan DiDio, decidió que era hora de traer de vuelta a un personaje clásico, para horror de unos y deleite de otros. No estaremos de acuerdo pero como parte del negocio del espectáculo, la editorial está en su derecho. Además, a estas alturas el lector de superhéroes veterano comprenderá (idealmente) que la continuidad perfecta no existe y que la verdad no es aquella que se ciñe a los hechos sino la que nos deja más satisfechos. Cierto es que desde nuestra visión como lectores que durante años siguen a tal o cual personaje, vemos como la editorial va y destruye personajes y continuidades en las que hemos invertido tiempo, dinero y emoción. Pero nos olvidamos que desde una perspectiva de negocios, la editorial tiene que seguir vendiendo y entre crear cosas nuevas y seguir apostando por ideas que venden, optan por mantenerse en el negocio con la idea garantizada.
Ambas situaciones, el “Mefistazo” arácnido y el retorno de San Barry, nos lleva a preguntarnos cual es el sentido de tanta cuidadosa continuidad si el siguiente vendrá y deshará las cosas como quiera.
En una entrevista dada a Tebeosfera, Mark Waid, quien precisamente ayudó a la evolución de Wally “Flash” West como personaje, comentaba los cambios en las historias, las retro-continuidades y la diferencia entre continuidad y coherencia. Hay mucha basura en 40 años y solo nos acordamos de cosas relevantes, afirma el autor. Y no vas a dejar la historia si te preocupas de los detalles y permites que eso te arruine la historia.
Tiene razón. Nadie se preocupa por el detalle que los lobos no hablan, lo importante es que quiere comerse a Caperucita.

Waid, que conoce las responsabilidades de un editor (partió como editor en DC y actualmente es el Editor en Jefe de Boom Studios), no es el único profesional que defiende esta postura. Al igual que Keith Giffen, ambos se muestran partidarios de la coherencia en los personajes antes que en las continuidades milimétricas. Por su parte, Erik Larsen, autor de Savage Dragon, planteaba una gran verdad: ¿A quien le interesaría seguir las historias de un Batman anciano y ver como su hijo toma su legado como el joven Batman? Pues aquellos que crecieron con el Batman original. Un héroe de segunda generación, afirma Larsen, apesta. No tiene un origen genial como el héroe original. Siempre es una continuación. Quizás por eso DiDio (doble D, para los amigos) optó por traer de vuelta a Barry Allen, a pesar de que en los últimos 20 años Wally West ha desarrollado más personalidad que su predecesor: no puedes explicar quien es Wally sin explicar quien es Barry. Asi que tomando prestado la personalidad de Gleason de CSI, lo traemos de vuelta y tenemos a un personaje vendedor.

Al lector, sostiene Larsen, no le gusta la idea de envejecer él y enfrentar un Peter Parker que sigue en el colegio. No, los lectores quieren un personaje que cambie, pero que no crezca. Una paradoja si es una historia que nunca acaba, pero con sentido si cerramos el libro al llegar al final que nosotros deseamos.

El concepto de dinastía puede parecer atractivo y crear un sentido de historia, pero sirve en ocasiones muy concretas. Funciona bien por ejemplo en El Fantasma de Lee Falk porque el legado está en la esencia de su personaje, la leyenda es parte de la historia del origen del personaje, pero difícilmente es traducible a otros personajes.
La verdad es que la continuidad muchas veces complica las cosas de manera innecesaria y lo mejor funciona cuando es sencillo: enredar demasiado un concepto y torcerlo lejos de hacerlo atractivo, o profundo, lo complica innecesariamente y aleja a cualquiera que desee seguirlo. Por eso divorciamos mágicamente a Peter Parker; Por eso Barry Allen vuelve de entre los muertos; hay que mantener los conceptos simples o entender una historia unitaria se vuelve más enredado que tratar de ver Lost a partir de la tercera temporada.

Las producciones japonesas son auto-concluyentes y por regla general no evitan el cambio (excepto en casos específicos, como DragonBall), sino que lo explotan. Pero terminan en un punto. La historia acaba y que venga la próxima. Las mejores historias también siguen ese patrón, desde el Superman All-Star a los Ultimates: limitadas, con un solo autor involucrado y un buen artista a los lápices.
En este caso lo que afirma Robert Kiyosaki, experto en negocios, se revela como una verdad: para que un negocio funcione bien, tienes que mantenerlo lo más sencillo posible. Pues no olvidemos que a fin de cuentas, de esto se trata todo y que incluso la continuidad es determinada por los vaivenes del mercado.

Pero eso, es otra historia.
(Imágenes de Comic Art Community, Fummeti.Org de Gianfranco Goria y SF Site)

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